¿A vivir al campo? Ahora más por deseo y con un proyecto de autoempleo que por necesidad

Publicado el 26/05/2016

Se frena el éxodo al campo de familias en busca de una salida a la crisis económica.

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Eva González, coordinadora nacional en Abraza la Tierra —una organización que asesora y acompaña a los neorrurarles en tránsito— constata que en el último año “se han reducido sustancialmente las peticiones de ayuda a la desesperada y fruto de la crisis económica”. El perfil mayoritario entre los que se acercan a su organización ahora es el de una pareja de entre 35 y 45 años, con estudios superiores y con voluntad de formar familia. ”

Vienen menos personas con situaciones desesperadas porque ha calado el mensaje de que en los pueblos no hay trabajo por cuenta ajena”, explica González. “Por eso, los que consiguen asentarse es bien porque tienen un proyecto ya pensado de antemano, o bien porque se dedican a profesiones liberales que permiten el teletrabajo”, añade.

En los momentos más álgidos de la crisis, cuando la tasa de paro alcanzó el 26%, Abraza la Tierra recibía miles las peticiones de ayuda de padres y madres de familia que buscaban en el campo una escapatoria a los ingentes gastos de la vida en la ciudad. “Pero cuando se daban cuenta de que en los pueblos tampoco nada es gratis desistían”.

María y Alicia son dos mujeres jóvenes, neorrurales recientes y con proyectos de autoempleo de éxito.

Alicia, de 38 años, tomó la decisión de dejar su trabajo en una consultora de la capital para mudarse a vivir a Soto del Real, en la sierra madrileña. Allí empezó una nueva vida sacando adelante la yeguada de la que su familia se iba a deshacer. Ahora produce leche ecológica de yegua destinada, principalmente, a complejos vitamínicos y cosmética, y ha conseguido ser elegida este año mejor ganadera joven europea. “Ha sido un empeño personal muy fuerte, con ayuda de mi hermano y mi padre. Quería mantener la yeguada, pero además me gustaba la idea de trabajar con algo que se pudiera tocar”, explica sobre sus razones para hacerse definitivamente rural.

María, por su parte, reside en Cabranes, una comarca de Asturias  a la que están llegando “gentes inquietas y con proyectos de revitalización del campo”, explica por teléfono. Su cooperativa, Kikiricoop, la forman cinco urbanitas (algunos padres recientes) que se dedican a la elaboración de la crema de avellanas y cacao ‘Asturcilla’. Otros vecinos deshidratan frutas, elaboran patés vegetales y cultivan setas Shitake.

Sin embargo, el flujo de estos nuevos rurales con iniciativa, no es suficiente para evitar la despoblación que viven las zonas rurales. El Senado, de hecho, creó en abril una comisión específica para buscar soluciones a estos desiertos demográficos que afectan, principalmente a Aragón, Castilla y León y Castilla-La Mancha.

Según los datos que maneja la comisión, solamente un 3% de la población española habita en uno de los 4.929 municipios de menos de 1.000 habitantes. Y eso que estos suponen el 60% del total de municipios en España (8.116). En aquellos municipios con menos de 100 habitantes (son 1.238) a penas vive el 0,14% de la población. De hecho, en 2015 había en España 242 municipios más de menos de cien habitantes que en 2007 (han saltado de 996 a 1.238), según el padrón municipal del INE.

María y Alicia coinciden en que vivir del campo no es fácil. A ellas les ha ayudado tener su propio proyecto laboral que, aunque requiera mucho esfuerzo, les apasiona. “Hacemos crema de avellana y cacao en Asturias”

María y sus compañeros de la cooperativa Kikiricoop producen crema de cacao en Cabranes, Asturias. “Hemos apostado por vivir en el campo pero no queremos tener que desplazarnos a la ciudad a trabajar. Por eso hemos iniciado un ‘crowdfunding’ en Goteo para poder invertir en las instalaciones que nos permitirán lanzar nuestros proyectos de la crema de cacao ‘Asturcilla’ en mercados de toda España y de catering de comida ecológica para eventos. Aspiramos a conseguir vivir de esto, creando cinco puestos de trabajo estables y de calidad. Kikiricoop somos gente de ciudad pero pensamos que en el campo se vive mejor”

Alicia Pardo, ganadera de Madrid, ha recibido el premio europeo a la iniciativa joven rural sostenible. “Tengo 38 años, soy licenciada en económicas y tengo un MBA, pero cuando mi familia iba a tener que desprenderse de una yeguada en Soto del Real, la cogí, con mi padre y mi hermano, y cambié la ciudad por el campo. La particularidad es que Ecolactis somos los primeros productores de leche de yegua ecológica, que tiene alto valor nutricional y cosmético. Y lo hemos conseguido a pulmón, sin ayudas”.

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