El valor rural viaja con ‘Biela y Tierra’

Publicado el 07/08/2019

Ana Santidirán y Edurne Caballero ven «una inmensa capacidad de recursos en Merindades» tras conocer 10 iniciativas sostenibles

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Ana Santidrián, doctora en Ingeniería Química y Medio Ambiente, y la bióloga Edurne Caballero llevan dos meses y 6 días pedaleando. Han recorrido 1.452 kilómetros por el norte de España y visitado 63 experiencias que dan vida al medio rural y respetan su desarrollo sostenible dentro del proyecto ‘Biela y Tierra’. Diez de las iniciativas que han conocido y están dando a conocer por diversos medios están en Las Merindades y de esta tierra se llevan impresiones muy positivas. Aseguran que la comarca «tiene una inmensa capacidad de recursos para el sector primario, con un clima extraordinario para lograr buenos pastos para el ganado, frutales de calidad y muy diferentes cultivos, además de un turismo que valorice estas posibilidades».

Llegaron el jueves a Soncillo, donde impartieron un taller sobre los objetivos de desarrollo sostenible en tu plato y se despedirán hoy con otros dos en Quincoces de Yuso y San Zadornil, dedicados a la movilidad sostenible y al consumo responsable y su huella ecológica, todos ellos auspiciados por el Ceder Merindades, uno de los colaboradores de ‘Biela y Tierra’. Otro ha sido, Radio Valdivielso, emisora oficial de difusión del proyecto, cuyo equipo está formado también por Sole López y Cristina Vázquez, de LaDársena Estudio, la agencia de comunicación que mueve en las redes y medios todo el conocimiento que Ana y Edurne están adquiriendo y compartiendo.
Con ‘Biela y Tierra’, Las Merindades ha pasado a ser un territorio algo más conocido, así como algunos de sus productores. Han visitado la explotación agraria de ovino de Axier Akizu, en Leva de Valdeporres, los cultivos alternativos del proyecto Piedra y Semilla, la ganadería de ovino de los hermanos Valle en Quintana de Valdivielso, la cooperativa Sankara de producción hortícola ecológica o la futura quesería Carluque, en Valdenoceda. También han sabido de la implicación del alojamiento de turismo rural Molino del Canto con la ornitología, de la dinamizacion sociocultural que el Bibliotejo desarrolla en la pequeña localidad de Gallejones de Zamanzas, del movimiento feminista de Tejiendo redes o de la fuerza de Salvemos Rioseco.

De la comarca se quedan con  «personas que conocen el territorio, lo valoran y lo cuidan» y reconocen su «potencialidad, porque muchas cosas pequeñas pueden proveernos de herramientas para afrontar problemas globales». Asimismo, han comprobado como «hay una gran energía por vivir aquí, mantener los pueblos vivos y conservar el paisaje que se ha conformado a lo largo de los siglos». Pero también han encontrado «debilidades comunes a gran parte de los territorios» que han recorrido. Ana y Edurne han vuelto a comprobar que «la debilidad viene de la Administración, de la sobreburocratización y dificultad que existe para comenzar una iniciativa o mantenerla». Ambas profesionales han detectado que «a la brecha de servicios y de comunicaciones, para un emprendedor rural se suma la excesiva burocratización y las dificultades para la obtención de permisos». La frase que han escuchado a quienes desean vivir y trabajar en los pueblos es que «no necesitamos que nos ayuden, sino que no nos pongan trabas». Exigir a una pequeña empresa de transformación agroalimentaria «lo mismo» que a la gran industria es uno de los grandes problemas que denuncian. «Nos parece vergonzoso que estos productores que nos pueden proveer de alimentos sanos, justos y sostenibles se enfrenten a estas trabas administrativas», destacan ambas mujeres, a la vez que recuerdan que son esas mismas administraciones las que ‘venden’ el retorno al medio rural y a los pueblos.

Fuente: diariodeburgos.es