La creciente fugacidad de los contratos impide a los jóvenes abandonar el ‘nido’

Publicado el 06/09/2017

Crece en un año un 17% los menores de 30 años contratados temporales / La Comunidad tiene una de las tasas «más abultadas» de precariedad / Sólo un 18% logra emanciparse

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Estudiar, hacerse mayor, encontrar un empleo… y volar del ‘nido’ familiar. Esas ansias de autonomía y de libertad, propias de la edad, se ven truncadas en el mismo instante en que se comprueba, calculadora en mano, que la independencia hogareña tiene un precio aún muy elevado para cualquier joven, incluso aunque éste haya sido tocado por el ‘bingo’ de un trabajo.
Las ‘bolitas’ juegan en contra de la emancipación juvenil en España, y más si cabe en Castilla y León, tal y como constatan los datos del segundo semestre de 2016, recogidos por el Observatorio de la Emancipación del Consejo de la Juventud.

Tan complicado resulta que sólo el 18,2% de los 300.726 jóvenes castellanos y leoneses entre los 16 y los 29 años (es decir 54.854 en total) ha conseguido vivir por su cuenta. Dicho de otro modo, el 82% de los jóvenes de esas edades vive con sus progenitores, quiera o no.
Aunque la tasa de emancipación es tres décimas superior a la registrada el año anterior (17,9%), la cifra resulta engañosa, ya que en términos absolutos se ha producido un recorte de 250 jóvenes emancipados sobre los datos de 2015.

La Comunidad eleva esa tasa como consecuencia de ‘borrar’ a jóvenes de su pirámide poblacional. De hecho, el informe remarca que Castilla y León presenta «una de las tasas de pérdida de población joven más alta del país» –9,3 personas jóvenes por cada 1.000 habitantes ‘emigran’ a otras comunidades–.

No sólo ha mermado su número de jóvenes emancipados sino que la Comunidad sigue en índices inferiores a los anotados en la media del país (19,5%), situándose como la séptima autonomía con menor porcentaje de jóvenes menores de 30 años emancipados.

Pero, ¿quienes asumen en mayor medida el riesgo de salir del ‘calor’ del hogar? Las mujeres, aunque cada vez en menor grado. Y de ellas, las que ya han soplado 25 velas. Las tasas de emancipación de la población joven en Castilla y León son superiores entre los que tienen estudios primarios, mientras caen al 22,8% los que tienen estudios superiores.

Es imposible atribuir a un único factor este fenómeno de ‘amarre’ de los jóvenes al núcleo familiar, si bien hay uno que se escribe en letras mayúsculas: una mayor y creciente precariedad laboral. Y si no que se lo pregunten a esos seis de cada diez jóvenes asalariados que tienen un contrato temporal. En total puedan narrar en primera persona esa situación 62.396 jóvenes.

La cifra no hace más que crecer. En un año se ha disparado en un 17% el volumen de menores de treinta años con contratos fugaces (el doble que en España), mientras retrocedían casi un 7% los jóvenes con contratos indefinidos. De esta forma, 9.000 personas se han estrenado en el último año en eso llamado precariedad, que castiga sobre manera a los que tienen entre 16 y 24 años, alcanzando hasta el 80% de ellos, y a las mujeres, con un 63,4%.

La brecha con España se ha acrecentado. Castilla y León registra la quinta tasa de temporalidad más abultada del país entre ese colectivo y se sitúa tres puntos por encima de la nacional.

Sin seguridad laboral es arriesgado abandonar el ‘nido’, máxime cuando esos contratos ni siquiera duran un año. Y es que el 59% de los jóvenes tenía entre sus manos un contrato con fecha de caducidad inferior a los doce meses. En España, eso le ocurre al 42%. Y subiendo. En un año, los contratos temporales de menos de un año han crecido de media en Castilla y León un 28%. Todo ello lleva a Castilla y León a liderar el ranking de comunidades con empleos jóvenes de menos duración.

Pese a que las cifras de contratación a lo largo del segundo semestre de 2016 dieron un respiro a las listas del Ecyl, lo cierto es que los datos enfatizan en un aumento sistemático de la temporalidad, hasta el punto de que el 93% de todos los contratos de nuevo cuño firmados en esos seis meses fueron temporales, principalmente eventuales.

Si Castilla y León destaca por ‘condenar’ a sus jóvenes a la eventualidad, también lo hace por contar con población asalariada sobrecualificada. El porcentaje de aquellos que disponen de una formación superior al empleo que desempeñan rebasa el 57%. Si se amplía el rango de edad hasta los 34 años, la cifra supera el 63%, registrando el tercer índice más alto del país.

BAJOS SALARIOS

Trabajan de forma temporal, muchos en empleos para los que se les exige menor cualificación y, además, lo hacen por salarios precarios, y ‘recortados’ año tras año. Los sueldos son en Castilla y León «inferiores a los del conjunto de España». Así, un joven que se haya independizado en solitario se apaña con una media de 10.105 euros netos anuales; aquel que comparte piso con otro joven cuenta con una capacidad adquisitiva de 18.742 euros al año, un 2,4% menos que un año antes.

Ellos, al menos, tienen un empleo y una nómina, pensarán esos 40.408 castellanos y leoneses que se encuentran en paro. Representan el 13,4% del total de jóvenes de su edad –de ellos, un 37% lleva en esa situación más de un año–. Son muchos, sí, pero la Comunidad puede presumir sobre el papel de ser una de las autonomías con menor tasa de desempleo juvenil (26,1%).

Pese a esa progresiva reducción de la tasa de paro, cifrada en un año en el 23%, lo cierto que se fundamenta sobre todo en la desaparición de la población activa, ya sea por la renuncia de los jóvenes a seguir buscando un empleo o por marcharse fuera de la Comunidad. De hcho, un 3,26% de los jóvenes que aparecía en los ficheros en el segundo semestre de 2015 se ‘han borrado’. Eso hace que la tasa de actividad juvenil esté por debajo de la media del país.

Fuente: diariodevalladolid.es