¿Qué son las ‘scaleups’ y en qué se diferencian de las ‘startups?

Publicado el 24/03/2021

Detrás de las llamadas ‘scaleups’ se encuentran emprendedores con un negocio ya probado que buscan su explotación a gran escala.

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Hasta no hace tanto para catalogar una compañía hablábamos básicamente de su actividad y tamaño. Así, cuando una tenía menos de diez empleados y una facturación por debajo de dos millones de euros se la clasificaba como microempresa. Después llegaron las nuevas tecnologías y muchas de estas firmas empezaron a denominarse ‘startups’ y, algo más tarde, ‘scaleups’, evidenciando con el cambio de nombre una notable evolución que, en términos tradicionales, incluso las hace saltar de categoría, de microempresa a mediana empresa; ya cuentan con entre diez y cincuenta trabajadores y han elevado su volumen de negocio, que ahora se sitúa entre los dos y los diez millones. Pero, ¿qué otros rasgos diferencian a unas de otras?

Pese a la definición de ‘startup’ ha logrado su popularización en los últimos años de la mano de la irrupción de la digitalización, hay quien sitúa su origen ya en los años 50 en Silicon Valley. Lo hacen atendiendo a una secuencia habitual de este tipo de empresa; después de demostrar las oportunidades de negocio que ofrece el uso intensivo un determinado conocimiento científico o tecnológico muchas veces son absorbidas por firmas ya consolidadas de su mismo sector.

 Pero su principal característica es que aún no ha validado su modelo de negocio. Muchas veces lo que ofrecen es un producto o servicio tecnológico innovador y que, por tanto, aún no tiene una demanda consolidada en el mercado. De modo que la primera misión de la ‘startup’ es comprobar si es capaz de resolver un problema real o cubrir una necesidad concreta de un tipo determinado de cliente de forma económicamente viable. En este punto los recursos suelen ser escasos (procedentes de los propios promotores y su entorno o ‘business angels’) y, por tanto, los plazos de tiempo para continuar o abandonar el proyecto son, por tanto, muy cortos.

La segunda misión sería lograr que ese producto o servicio sea escalable. Es decir, lograr que los gastos que implica ofrecérselo a un cada vez mayor número de clientes crezcan de forma lineal mientras que los ingresos lo hacen de forma exponencial. Un ejemplo sencillo; si una consultoría decide digitalizarse y pasa de atender personalmente a cada cliente a crear una plataforma en la que cada usuario pueda realizar por sí mismo parte de las gestiones por las que paga, el coste para ella de la puesta en marcha y mantenimiento de la plataforma será el mismo si sólo la usa un cliente que si lo hacen diez. En cambio, si siguiera ofreciendo sus servicios de manera tradicional ese incremento de clientes también implicaría la contratación de un consultor más. De modo que se considera de que una ‘startup’ es escalable cuando consigue incrementar los beneficios sin tener que reinvertir en la empresa al ritmo que aumentan ingresos.

Con estas premisas, es frecuente referirse a las ‘startup’ como organizaciones temporales, tanto por el poco tiempo que dedican a comprobar si tendrían o no viabilidad como por los cambios que su éxito genera en la propia organización, ya que puede lograr la financiación para crecer de fondos de inversión que no interfieran en la gestión o incluso puede ser vendida por sus promotores a otra empresa.

En ocasiones, quienes observan el potencial de crecimiento de una innovación son empresas ya posicionadas en el mercado o entidades dedicadas a la investigación como centros tecnológicos o universidad. Puede que la nueva tecnología o servicio sea algo descubierto o parcialmente desarrollado dentro de proyectos con otros objetivos y que después estas entidades se animen a explotar por separado con los tiempos y modelos de trabajo propios de una ‘startup’. En este caso estaríamos hablando de una ‘spin-off’, como las series de televisión creadas a raíz del éxito logrado por un personaje nacido en otra producción.

Si la ‘startup’ sobrevive de manera independiente y lo hace logrando un crecimiento anual de su facturación del 20% durante los tres primeros años pasamos a llamarla ‘scaleup’, lo que podríamos traducir como escalable o en proceso de escala.

En ocasiones no se trata de ‘startups’ venidas a más sino que nacen directamente para redimensionar un negocio ya probado. Es decir, las ‘scaleups’ no tienen como primer objetivo el desarrollo de una tecnología o servicio, sino la explotación comercial a gran escala de productos ya maduros, ya validados por otras ‘startups’ o por investigadores de centros tecnológicos o universidades. Este modelo empresarial va a verse fomentado en los próximos siete años por el nuevo programa marco de apoyo de la I+D+i de la UE, Horizonte Europa, que tiene entre sus principales objetivos la agilización de la llegada al mercado de las innovaciones desarrolladas en laboratorios de investigación.

Sus equipos están mucho más profesionalizados (a veces se han curtido en ‘startups’ que no han salido adelante), por lo que cuentan con el bagaje suficiente para hacerse cargo de un plan de negocio a punto de despegar. Esa experiencia más el hecho de que lo que venden ya está probado hace que resulte más sencillo encontrar financiación (sobre todo, privada), lo que a su vez las hacen más capaces de llegar a públicos y a mercados que son inalcanzables en su origen para una ‘startup’.

Fuente: www.elcorreo.com